10/12/11

Todo nuevo...

Es difícil analizar un nuevo año. Al ponerlo en una balanza, realmente fue bueno. Al comenzar el 2011, yo vivía en Cuernavaca. Terminando el 2011, ahora escribo esto también desde ahí.

 Algunos me podrían decir que el año terminó mal, pero yo no lo puedo ver así. El año próximo pinta muy bien para mí. Retomaré una profesión que ya tenía olvidada, pero que fue en la que me sentí más cómodo. Termino el año en un pueblo en el que habitan muchos de los que llaman "inadaptados".

No es verdad. Los Cabos es un pueblo lleno de gente que tal vez a tenido problemas en adaptarse a otros lugares y busca un lugar bonito para reencontrarse. Muchos lo logran y ahí se quedan. También se vale.

 Los Cabos y yo tenemos ya una vieja historia. La primera vez que fui, yo era tan sólo un bebé. No recuerdo mucho las demás vacaciones, pero si recuerdo las de Los Cabos. Era muy diferente entonces, un lugar agreste, lleno de cosas tan extrañas para alguien que creció en el D.F. como yo.

 Era muy divertido.

 Cazar langostas. Jugar en las piedras de la playa y encontrarse con todo tipo de pulpos, calamares y demás. Pisar un erizo y explicar a los compañeritos por qué no puedes correr bien. Un erizo es muy emocionante cuando eres pequeño.

 El tiempo que pasé aquí antes fue diferente. Fue un reto y un castigo. Una manera de enderezarme. 

Tenía un muy buen trabajo, vivía en un lugar muy bonito y hasta tenía una relación seria. Sin embargo, era difícil aprender ciertas cosas que yo tenía ganas de desarrollar, y eso me hacía infeliz. Salí exiliado de ahí, jurando nunca regresar.

 Este año se dieron muchas circunstancias y oportunidades para regresar y trepé todas mis cositas a mi coche y decidí hacerlo. Regresé a un lugar muy conocido. Aún después de 6 años, la gente me recuerda y yo los recuerdo a ellos. Me encuentro gente de la que no me acordaba y eso es una sensación muy rara para un ermitaño. Siempre seré algo solitario, pero cada vez menos. Los pueblos ayudan a eso.

 Las oportunidades y circunstancias que me llevaron ahí no resultaron o no dieron muchos frutos, pero yo sigo ahí. Los amigos reencontrados siguen ahí, y la sensación de familia que nos creamos los inadaptados por la distancia real de nuestra familia biológica es muy fuerte. Y seguiré un rato.

Tengo un plan a mediano plazo para estar ahí, y eso ya es en sí un gran paso para mí.

 Volveré a pasar la mayor parte de mi tiempo en lugares remotos y con poca gente alrededor. Muchos cactus.

 Hay unas raíces que, al secarse, crean una especie de trampa. Es difícil describirla, pero es como una trampa de osos, la pisas y se cierra. Está por todos lados en la baja. Los locales dicen que es porque los hombres no deben de caminar en donde hay cosas así. Cactus, palo fierros, trampas del diablo.

 Algunos sabemos aprovechar y nos damos cuenta que no es tanto que los hombres o mujeres no deben de andar por ahí. Es sólo una protección natural para que no andemos tantos por ahí. Los pocos que lo sabemos disfrutar solamente...



1 comentarios:

América Gutiérrez dijo...

Lo de las raíces secas es muy cierto. Ojalá que donde decidas estar sea donde te sientas, si, no mejor, por lo menos más tranquilo. Un abrazo y buen fin de año.