29/01/13


22/01/13

Pásele, pásele...

Entro a la tienda, prendo luces y me sorprende una voz,

"Qué tal, joven! Vengo por el juego que vi el otro día!"

Me sorprende, pero ya recuerdo.

La tienda no es mía, es de mis papás, más bien de mi padre que es el que la atiende, pero lo estoy supliendo hoy.

Lo he estado supliendo algunos días en los que he estado en Cuernavaca, porque ha estado enfermo y el trabajo que vine a ver (más al DF) no requiere que esté en la gran ciudad diario.

Afortunadamente.

Entonces aquí estoy y me gusta. Vaya, es buen comienzo de día que antes de que prendas y abras todo, ya tengas una venta.

La verdad también me gusta que el señor me reconozca y salude de mano. Me acuerdo de él, es ingeniero, vino con su hijo. Viven un poco lejos de acá y alomejor traen algunas máquinas para que las vea.

Lo recuerdo todo.

Si bien soy bonachón por naturaleza, según yo nada más, la verdad es que tengo mucho más éxito con las señoras.

Ya lo había mencionado antes, con las mujeres adopto una cara de que necesito ayuda que es irresistible. Entonces compran, pues me ven todo confundido. Me gusta que piensen eso de mí. Apelo a su sentido de ayudar al atarantado.

Entonces, solo he estado acá como unos 4 días totales, dispersos en 3 semanas, pero resulta que soy buen vendedor.

Tengo una ex que se dedicaba a esto, le debería de pedir tips, pero mi buen criterio no me lo permite.

Mi promedio de ventas al día es bastante bueno y he vendido la pieza más cara de la tienda.

A una señora, por supuesto. 6 meses de renta del local solucionados en 15 minutos.

Y así es todo, creo. O alomejor estoy en esa edad. Todo es más fácil.

No soy mal vendedor, al final. Me resistí, pero creo que eran tonterías por no competir con mi padre, que es un gran vendedor.

Hace un año y medio o dos años no sé si hubiese sido tan efectivo. Estaba en otra mentalidad. No sé ni cuál, pero era mala.

Entonces, de repente me inspiré y se acabó eso. Empecé a pedalear y todos los proyectos que tenía pensados ya no eran sueños tan lejanos. Luego la gente comenzó a moverse y aquí estoy y tengo que hacer varias cosas.

Bien, creo que estoy bien. Y es porque no le doy importancia ya a muchas cosas que me eran importantes antes.

En fin. Tengo mucho qué hacer este año y ya me empezó a ir muy bien. Desde el año pasado. Si cruzan los dedos por mí, igual y si me retiro a los 40. En una cabaña y sin ningún lujo, pero retirado.

Nah, tengo mucho qué hacer y en cuanto me muevo sale más, pero mientras...

Pásele, pásele a la tienda....






06/01/13



Despiertas.

En las películas, cuando un personaje despierta de un mal sueño, despierta súbitamente. El sueño está fresco.

Yo no.

Abro los ojos. Estoy en la misma posición que la que recuerdo haber quedado dormido. A veces ha pasado 1 hora, a veces ha pasado más tiempo. No recuerdo nada la mayoría de las veces, pero sé que no puedo estar dormido ya.

Tengo fiebre. Nada grave, es temporada de enfermarse y me he salvado todo el año pasado. Seguro este año será igual.

Veo una película para distraerme, pero a veces no es buena idea.

Verán, últimamente, en las películas, los choques son demasiado súbitos. Van manejando, y de repente chocan de lado. Me estremezco. Los demás no.

No se me hace tan raro.

Mi padre, por ejemplo, no es nada fanático de películas violentas, a menos que sean demasiado caricaturizadas. Cuando era pequeño, yo veía como se volteaba en las partes violentas y se me hacía curioso.

Mi padre, extrañamente, es veterano de la guerra de Vietnam. Digo extrañamente porque no es común en México. Era soldado y peleó.

9a División, Brigada 196 de Infantería Ligera. Tropa F, 17a Caballería. No sé bien si así se traduzca. No es lo importante.

Lo importante, y de lo que les voy a platicar aquí, es de algo que tenemos en común, él y yo. Una especie de maldición.

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Despiertas. 

Estás envuelto en alguien. Tu novia, alomejor. 

Quiere levantarse para ir al baño, pero estás envuelto en ella. Como un koala, digamos. Se levanta. Regresa. 

Vuelves a envolverla. Duermes.

A veces hay preguntas, es una actitud extraña para ellas. Depende de quién sea, les digo por qué.

Es una especie de contrato. 

Esta conversación tiene resultados mixtos.


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Despiertas.

Ahí están. Dos figuras. Pasa algo de tiempo. Preguntas por José Manuel. Te dicen que está bien. Te duermes.

Desmayar es mejor palabra a veces.

Justo antes de perder la consciencia, te das cuenta de que estás en un hospital. Algo anda mal.


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Los vicios ya no van conmigo.

Es difícil ser adicto o abusar de algo entre más viejo eres. La responsabilidad es más grande, pues sabes que salir de eso es más difícil.

Pongamos como ejemplo la cocaína.

Todo está bien, estás hablando rápido y así, pero no molestas a nadie. O se les hace curioso.

Lo malo es que te tienes que callar, y ahí es cuando pasa.

Si les gusta la música electrónica, entonces saben bien lo que es un "drop". El dj maneja la tensión de la pista, poniendo un filtro que elimina las frecuencias altas, para después regresar con el beat que había antes u otro más potente.

Eso pasa cuando te callas, pero en la pista es diferente, porque sabes que regresará el beat. Acá no. Volteas para todos lados, se te seca la boca, presión alrededor de los ojos y en el pecho. 

Dura un par de segundos, la mayoría de las veces, la gente no se da cuenta. 

Respira. Respira. Respira.

Creo que alguien que está leyendo esto lo recordará. 

Solo que yo era el que le decía a ella.

"Solo respira, es lo único importante ahora, esto va a pasar pronto".


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Una vez fui con mi padre a su oficina y le dije que necesitaba un psicólogo. Me recomendó a una psicóloga que lo había ayudado.

Yo estaba yendo con otra psicóloga, pero no me sirvió de mucho. O tal vez fue perfecta.

Yo estaba muy mal y abusando de mi cuerpo y ella era muy joven, no llevaba mucho tiempo dando terapia. Graduada de buena escuelas y de buenas colonias. O sea, era muy fresa.

Las consultas se volvieron más "personales" y mis problemas se volvieron una especie de foreplay muy efectivo.

Tal vez fue bueno para mi autoestima. Seguro que lo fue. Era guapa, un poco mayor que yo, y se me quedaba viendo mucho. Sobre todo mi cachete. Mi cicatriz. 

Yo sabía que la cicatriz la excitaba. No por la cicatriz en sí, sino porque ella sabía bien la historia.

Creo que es un fetiche popular entre los psicólogos.


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No despiertas, estás ahora aquí y con fiebre.

Lo de las personas y el hospital? No ocurrió.

Si ocurrió, pero no fue como lo recuerdo. 

No lo recuerdo.

Me lo contaron después y creo que yo junté algunas imágenes y creé una memoria.

Eso me fascinó por años, y me hizo darme cuenta de algo muy chistoso.

Saben cuando una persona les dice que recuerdan algo perfectamente de cuando tenían 2, 4, 5 u 8 años? 

Yo no lo creo. Sé que hay una imagen ahí, y estoy seguro de que no me están diciendo mentiras. En su cabeza lo ven perfecto. 

Sin embargo, hay detalles que no cuadran.

Les dirán que recuerdan la escena bien. Tal vez un cuadro o un mueble o lo que estaba arriba de un escritorio.

Y entonces algo no está bien. Si tienes 4 años, no ves por encima de muchos escritorios. Y cuando describen la escena, y sobre todo a la gente, el análisis que hacen es muy razonable.

Demasiado. Una actitud extraña. Un gesto. Leer caras a los 4 años es algo en lo que yo no creo, pero tal vez el raro sea yo.

No lo creo.


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Mucha gente, la mayoría tal vez, tiene fantasías mórbidas.

Tal vez se imaginan su propio funeral, o la muerte de un ser querido.

A veces es la muerte de un ser querido, y la fantasía va más allá de la muerte. 

Hay un responsable.

Y hay venganza de tu parte. 

Sales de la fantasía con un sentido de justicia.

Seguro que depende de la persona, y seguro que algunos reaccionaría o han reaccionado así.

Yo pensaba que así era, pero ya no.

Creo que las tragedias te quitan la energía. Te cansan.

Llegas a viejo cansado. Tu instinto de supervivencia te sobrelleva, pero cuando te sientas a pensar en lo que fue tu vida y que la mayoría de la gente que te dio amor ya murió....

Debe de ser cansado. La muerte no es una tragedia.


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Hablemos acerca de las conmociones cerebrales.

Entonces, tu cerebro detecta movimiento súbito y trata de rellenar el cráneo de líquido, para crear una especie de amortiguador.

En estas fracciones de segundo, tu cerebro, lo que realmente eres, toma el control.

Como un piloto dando clases de vuelo a alguien en una situación que pudiera ser peligrosa. Quita las manos, por favor, esto me toca a mi.

Y ya no eres tú. Estás ahí, y tal vez reacciones. No estás desmayado ni nada, pero tu cerebro decide que la energía que gasta en crear memorias y hacer conexiones neurales no es importante. Bueno, no tan importante como mantenerte vivo.

Y así, estuviste ahí, pero no.

Yo creo que no vivimos en tiempo real. Nuestros sentidos son antenas que reaccionan a distintos tipos de estímulos y el cerebro procesa toda esta información (lo cual indica una pérdida de tiempo) y crea esta experiencia que llamamos vivir conscientemente en base a los estímulos que recibió.

Han ido caminando por la calle y de repente algo está mal y se mueven instintivamente para esquivar una rama o algo y no entienden bien por qué?

Algo así.

Tal vez estoy tremendamente mal.


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Hay un fenómeno muy normal después de una situación traumática. 

Se le llama "Síndrome de Superman".

La conozco bien. 

Es muy simple, les pondré un ejemplo.

Una vez salí de un súper y vi que un chavo estaba usando el polvo de mi coche para pintar un dibujo en la cajuela de mi coche.

Me acerqué tranquilamente y le di un zape. Reaccionó sorprendido, algo me dijo y se me acercó otra vez. Comencé a cachetearlo mientras me reía. Le preguntaba que si quería que le pegara como hombre.

Hace poco vi en un sitio de internet un video. El título era algo como " Asesino en la corte trata de hacerse pasar por un enfermo mental para escapar su condena". 

Vi el video. Lo reconocí inmediatamente. No estaba haciéndose el loco. Las muecas que hacía era porque quería esconder su risa nerviosa. 

Regresamos al estacionamiento. El chavo tenía amigos. No recuerdo bien, pero por lo menos 4. Les digo chavos, pero tenían 17 o 18 años. Me pudieron haber partido la madre sin problemas, pero hay algo muy perturbador cuando alguien que tiene risa nerviosa está alterado frente a ti. 

Parece que no tiene miedo, pero si, si lo tiene, solo que así lo manifiesta.

Sin embargo, esta vez no. No tenía nada de miedo. No recuerdo bien la situación, pero quería hacerle daño al chavo. Romperle algo. La risa salió por adrenalina.

Les presento al Síndrome de Superman.

Los policletos, o policías en bicicleta, llegaron rápido. No se me quisieron acercar. Me decían, de lejos, que me tranquilizara. 

No recuerdo bien, pero creo que no le estaba haciendo nada al chavo, solo lo tenía detenido contra el coche.

Llegaron policías de verdad. Después de un rato, lograron calmarme. Me revisaron. Revisaron mi coche para ver si tenía armas. Yo le sonreía al chavo todo el tiempo mientras mantenía contacto visual. El lloraba.

Una mujer policía (la más ruda, extañamente) me quería llevar, pero aparentemente no lo ameritaba o ya no querían tener nada que ver conmigo.

Me dijeron que tuviera cuidado. Aguascalientes no era un lugar violento entonces.

Después de esa situación,  me preocupé. Mucho.

Recuerdo que un cuate me había dicho que su hermana era terapeuta. Le hablé. Fui. Le conté todo.

Como un alcohólico teniendo un resbalón. Fue mi última vez con un terapeuta.

Decirlo en voz alta ayuda. Después de eso, pude controlar más el síndrome.

Pero es que , putísima madre... sobreviví a un choque directo contra una pared a más de 100 kilómetros por hora!

¿Qué me podían hacer esta bola de pendejos?


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En mi cabeza hay varias vidas diferentes.

De niño, me gustaban los cómics. Hubo uno que me marcó. Hasta ahora, es una gran historia.

Es de un héroe llamado Ferro Lad. El podía transformar su cuerpo en hierro. Vamos a omitir la física, son cómics.

Total que un día, le toca salvar al mundo, pero para eso, tuvo que morirse.

Él tenía un hermano gemelo, con el mismo poder, pero el hermano no estaba del todo bien. Alomejor en ese entonces no era un mal popular, pero ahora dirían que es autista. La realidad le causaba problemas.

Un día, necesitan de su poder para salvar al mundo, o al universo. No sé. Entonces lo llaman y salva al mundo. 

Mientras hacía esto, el genio del grupo de superhéroes reconoció un poco su problema y le ofreció una solución. Si lo deseaba, lo podían conectar a una máquina de sueños, en donde pasaría el resto de su vida soñando, hasta su muerte. Acepta y se acaba la historia.

A mi me daría terror, porque creo que no sueño. Debo de, pero no lo recuerdo.

Sin embargo, mi imaginación es increíble.

Y ahí, se arma una imagen. Soy un poco mayor, y le estoy enseñando a mi hija (que tendrá unos 10 años) a cambiar un rollo de una cámara de 35mm. Soy yo. Me toma del brazo y ahí está mi tatuaje. Lo soba cada vez que puede.

Se corta esa imagen y estoy en un hospital, recargado en una cama, llorando. 

Berreando, más bien.

Mi esposa, embarazada, me pregunta por qué. Está preocupada, seguro cree que no quiero al bebé o algo. Le digo que no es eso, entre sollozos. Es solo que de ahora en adelante, lo único que le va a dar sentido a mi vida será ese bebé y está bien. No solo está bien. Es algo que había soñado y es la realización del sueño.

Pero yo no sueño.

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¿Cuántos días llevas sin dormir?

Ninguno, pero no sé si 1 hora por aquí o media hora por acá cuentan.


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Les decía que mi padre y yo estamos malditos. Palabra estúpida, lo sé.

También sé muy bien que, así como yo notaba que él voltea la cabeza para no ver imágenes sangrientas en las películas, yo también la volteo para no ver choques.

Tengo demasiada imaginación.

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Me gusta hablar de José Manuel. De hecho, me molesta que pase tiempo sin que piense en él.

Tengo una imagen en mi cabeza del accidente, pero está mal.

Extrañamente, en mi reconstrucción, yo estoy atrás de él. En el asiento de atrás, justo detrás del copiloto.

Viene el impacto, y el balbucea. No puede respirar. 

Ahí se acaba.

En realidad, yo estaba del otro lado, detrás del conductor.

Toda la evidencia dice que fue así, pero yo no lo puedo creer. Yo tengo la firme convicción de que creer en algo que no fue, adaptar la realidad a lo que está en tu cabeza, es un síntoma de estar loco.


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La terapeuta que me recomendó mi padre era excelente. No recuerdo bien por qué, pero recuerdo que no me veía con ternura, como todos los demás. 

Cuando le contaba algo denso, sonreía. Risa nerviosa. La reconozco.

Me recetaba pastillas que actuaran sobre la adrenalina en vez de serotonina o algo así, porque la cocaína se llevaba mal con las de serotonina. Creo.

Un día llegué a su oficina y le dije que me tenía que ir porque tenía que cambiar de hábitos. No se le hizo raro. Se le hizo buena idea.

Fue la única que lo pensó así.


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Recuerdo que José Manuel estaba obsesionado con una chava de la universidad. Jamás se atrevió a invitarla a salir.

A ella la veo en Facebook, sale su foto en eso de gente que conoces. Es parte de la maldición.

Le tengo una carta escrita, pero nunca se la daré. 

Nunca te metas con la felicidad de alguien.

Trato, en serio.


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Algo común entre los malditos es que tienen la obsesión de darle un sentido a su vida.

Seguro lo han visto. Se vuelven cristianos, AA, no sé, algo.

Yo escogí el estoicismo.

Soy muy malo para eso, creo que por eso lo escogí. Mejor eso a ser un fundamentalista psicópata.

Sin embargo, si soy muy disciplinado para ciertas cosas y mantengo una especie de código de honor que es muy fuerte.

Se me olvida esto a veces, hasta que alguien me pregunta por qué soy vegetariano y cosas así.


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El contrato que mencionaba.

Deja que te envuelva por la noche, solo por algunas horas, y yo prometo cuidarte el resto del día.

Suena bonito, pero es tan difícil...


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Navidad. Un beso en la mejilla con mucho lipstick.

Me voy a limpiar. Comienza a asomarse la cicatriz. La tengo que ver, para quitar el beso.

Tallar la cicatriz hace que salga. Es una cicatriz, extrañamente, con forma de beso. Tiene como tentáculos muy tenues ya.

El doctor me dijo que me había explotado el cachete. Trato de no verla, pero viéndola. Respira.

Salgo. Me preguntan que qué me pasó, porque ahora es más obvia por la fricción, y les digo que fue un accidente que ocurrió hace mucho. Ofrezco algo de tomar como excusa para retirarme.


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Cuando llegué con la psicóloga que me ayudó bastante, le dije que no veía colores y no entendía por qué. Sabía que había colores y si me preguntaban, les decía, pero no los veía normalmente.

Después de varias sesiones me lo dijo como algo curioso, yo no le di mucha importancia.


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Recuerdo cuando entró mi padre a verme por primera vez al hospital. Dice que yo estaba blanco. No de shock ni nada así.

Golpes. Blanco verdoso.

Esa cara de terror que le vi. Ojalá me perdone algún día.

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Un día, regresé de tomar fotos en Vancouver, donde vivía.

Había tomado algunas fotos de unos cisnes. Nada especial.

Una capturó mi atención. Estaba mal tomada. Mal expuesta. El agua se hizo negra, y el sol iluminó solamente las plumas por alguna razón. Enfoqué mal, las plumas de atrás son el punto de enfoque.

Al analizarla, noté que el color de las plumas del cuello era diferente que las plumas de atrás. Me molestó. Noté lo anaranjado del pico.

Colores.

Sonreí. Es mi foto favorita, aunque sea mala.

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Esta fiebre no se quitará sola. Tendré que tomar algo.

No me molesta. La verdad, es de las pocas ocasiones en las que duermo profundamente.

Ojalá los demás tengan un respiro así....