19/07/12

De viejos amores...


Te extraño.

No me da pena admitirlo. Había algo en tu forma, algo que siempre pensé que no me parecía, pero en ti era perfecto. La estética tenía problemas contigo si te separaban en partes, pero en conjunto, solo eras belleza.

Seguro recuerdas mis dedos, había algo en ti que me hacía ser más sutil, sabes?

Te podía hacer susurrar, o gritar, en su momento.

No sé en dónde estás ahora, pero siempre tendré algo para recordarte... una foto.



Qué tontería. Es una vieja guitarra, y la extraño. Pueden notar ahí mis dedos espeluznantemente largos. Están tocando Re menor. El tono más triste que hay. Si saben de dónde es esta referencia, me caen muy bien.


"If you dream the proper dreams, and share the myths with people, they will want to grow up to be like you."


Ray Bradbury



Hay una historia que desde pequeño me marcó. Le robé a mi hermana uno de esos libros de "Horror", los que tenían varios cuentos cortos de terror o suspenso. No recuerdo qué número era.

En la historia, un tipo vaga por el mundo, pero con un "poder" especial. A donde sea que vaya, siempre se le hace conocido a alguien. O sea, lo reconocen en todos lados. Entra a un restaurante, lo reconocen y lo invitan a comer. Está en un bar, y alguna mujer lo confundirá con un viejo amante. Uno bueno. Y así.

Hasta que a alguien le recuerda a una persona muy mala y ya no tiene tanta suerte. No echo a perder la historia. No sé si sea de Ray Bradbury, pero estoy casi seguro que si. Si no, tiene más muy buenas.

Hace calor. Son las 6.24 de la mañana. Llevo despierto ya tres horas. Tal vez dos y un cacho. No sé bien qué he hecho hasta ahora. No recuerdo ir a dormir anoche.

Un amigo me pide consejos. Qué hacer con el insomnio. Sé de lo poco saludable que es. Fuma una cajetilla diaria y toma café como desesperado. En días buenos, se duerme a base de alcohol. Le digo esto. Se ofende. Disfruta tu insomnio.

Está amaneciendo. Me pregunto cómo será en otros lados ahora.

Frío. Así debe de amanecer, no? Aquí no. Ya estamos a más de 30 grados. O cerca. Hay humedad.

Es extraño.

Llevo ya un rato en San José del Cabo. No sé bien cuánto. No soy bueno para eso. Más de un año.

Ya soy veterano aquí. La primera vez que viví acá fue en el 2001. O 2002? No importa. Era otro Cabo. No había Costco. Por ende, no había civilización.

Llegué a desarrollar un terreno. A convertirlo en un residencial. Más bien a lotificar cuadros de tierra junto al mar y tratar de agregarle valor a tierra ya sobrevaluada. Fue fácil, la verdad.

El año pasado fui varias veces al terreno que desarrollé por estas fechas. Hay sequía, y se sentía terriblemente. No era así antes, qué faltaba?

Agua.

Voy manejando hacia los terrenos ayer. Me acompaña un amigo y un tipo interesado en invertir. Algo pequeño, saben? No es igual ahora que hace 10 años. Es del DF. Como yo. No lleva mucho tiempo aquí. Le emocionan estas cosas. Me recuerdo bien.

"Cuánto tiempo se hace de aquí allá? En serio es todo terracería?"

"Si. 45 minutos en terracería. Es buen masaje para la espalda."

Pregunta muchas cosas. "Mi camioneta es buena para estos caminos?" "Le has tocado la suspensión?" "Qué llantas usas?"

La respuesta es simple para mi amigo también cabeño y para mí. No hay vehículo que sea bueno para estos caminos. No lo pueden aguantar.

Pero "Y los 4x4?"

El 4x4 suena como algo milagroso para alguien que no los ha manejado. No lo son. Te permiten más que un coche con tracción en 2 ruedas, pero igual, si crees que te puedes meter a la playa con arena suelta nada más porque traes 4x4, pasarás un buen rato sacando tu vehículo de ahí.

"Entonces, nada sirve?"

No, todo sirve, pero por un tiempo.  Para callarlo, le decimos que una pick-up. 4x4. Unos costales de cemento atrás, para compensar la falta de peso.

Es poco divertida la conversación. Es poco divertido escribir sobre esto también.

Entras a la brecha y empiezas a vibrar. Se siente bien.

Les decía que el año pasado fue muy seco. Este año no. Me han dicho que este año seguro hay huracanes. Si lo creo.

Hay arroyos en el camino. Agua fluye. Hay nubes en las montañas, está lloviendo ahí. Cruzas charcos como en comerciales de Ford. Levantando lodo por todos lados. Perdiendo el control por un segundo. Si vienes de ciudad, tu instinto es pisar el freno. Si estás acostumbrado a estas condiciones, tu instinto es alinear el volante y pisar el acelerador. Lo recuerdo bien, aún tengo buenos instintos.

Me gusta, pero preferiría estar en el DF. El calor es sofocante y harta. Se lo digo a mis compañeros de excursión.

"Qué vas a hacer en el DF?"

"Voy a dar unos cursos de fotografía. También voy a ver si me da tiempo de filmar un corto y armar una compañía de actores."

"......"

No digo esto, digo que voy a liberarme del calor y visitar conocidos. Etcétera.

Sí voy a tratar de hacer todo eso. Tratar. No es nada del otro mundo. Si puedo. Repítetelo frente al espejo.

Es extraño. Al final, la gente que me conoció acá me conoció como administrador. Sabían que había estado en Nueva York, estudiando algo de música, pero sonaba como una de esas cosas que haces saliendo de prepa, sin importancia. Te deshaces de sueños para entrar ya a la vida real. O a la universidad.

En mi caso, no me los pude quitar, y después de casi 3 años acá, como desarrollador de terrenos, partí de regreso a NY. Terminé el curso que había comenzado antes y que por mis malos hábitos no pude terminar.

Regresé a los malos hábitos, pero son más fáciles de controlar cuando eres más grande. Pasaron muchas drogas, tatuajes, drogas, cine , cortos, drogas, fotografía, diseño de sonido.

Creatividad. Ahora la extraño terriblemente.

Regresé acá como fotógrafo. Sin embargo, tienes que ser fotógrafo de bodas para hacerla acá. Tal vez sea el mejor lugar para eso. Tengo fama de bueno, pero difícil. No tengo fotos de boda en la red. Si me pides ver mi portafolio, ya empezamos mal.

E iba a los terrenos. Sé cómo convertirlos en algo productivo. No sé bien cómo, ni estoy de acuerdo, pero lo aprendí. Mejor hago eso. Es buena excusa para ver playas bonitas y tener un buen masaje en el camino.

Pero tengo que ir al DF a tratar de despertar la creatividad. Tengo que. Sabes? Porque esto mata, si no hay variedad, algo muere.

Quiero un viaje también. Con mi padre. Según él, solo lo torturo. Lo hago subir el Tepozteco. Le hago andar a caballo 6 horas para ir al Paricutín. Y así.

Se queja, pero es un toro. Nunca ha estado en el hospital. A sus 67 años, es algo. Mi madre disfruta las historias con las que regresará.

Mencioné que fue soldado en la guerra de Vietnam? También. De hecho va a volver a sacar su libro que recuenta esto. "Un Mexicano en Vietnam". En Amazon, próximamente.

Mi padre y yo teníamos muchos problemas antes. No me entendía. No me entiende aún, pero sabe que hay algo ahí. Ve mi cara cuando manejo una cámara, o cuando toco la guitarra. Le gusta ver como se mueven mis dedos, dice. Se los presento:



Ahora le caigo bien. Casi como en la foto. Aprecia más cosas.

Soy práctico, también. Sé suficiente de electricidad como para reparar su tele y electrónicos y soldar cosas y así.

Todos deberían de saber soldar. Y  también saber para qué sirve un capacitor. En serio.

Voy por partes al DF también. Tengo que reparar mi computadora. Mi laptop es del 2005, o sea, una anciana. Le cambiaré el ventilador, otra vez. Aquí no se consigue nada. Voy a arreglar el motor de autofocus de un lente también.

"Qué bueno que tengas esas habilidades!" Me dicen. Más bien es que no quiero comprar compu nueva, ni lente nuevo. Me gustan. Es malo darle personalidad a un aparato, pero la tienen. La compu no tanto. El lente si. Sé perfectamente qué fotos he tomado con ese lente tan solo de verlas. El contraste. Perfecto. Repararlo con un técnico es el comienzo de la marcha fúnebre para los aparatos eléctricos y electrónicos.

Vean mi foto. Los amarillos y azules. Tengo 33 años. Ninguna foto mía de pequeño va a tener colores fieles. Creo que ni de adolescente. El tiempo ya degradó los químicos que componen la foto.

Por eso no entiendo por qué la gente usa cosas como Instagram...

Ya sé, mi foto de arriba está en sepia, que es lo peor que le puedes hacer a una foto.

Fue hace tiempo y no la tomé yo.

Conserven los colores. Si tienen que decaer con el tiempo, dejen que pase naturalmente. Hay un fenómeno psicológico que explica esta necesidad de nostalgia muy bien, pero ya es muy larga esta entrada como para ahondar en el tema.

Me gusta regresar a este blog. Tuvo fallas, y los que antes venían por aquí saben cuáles eran, pero todo puede volver a empezar.

No era el blog, yo tenía fallas y esto es un instrumento. En fin.

Escuchen esta canción. Cuando estoy triste, esta canción me pone peor... sin embargo, a veces, en una mañana calurosa, es perfecta...





What, once you're free, he hopes will be the very last time

Ego lets him know that's how much more was gained

16/12/11

Fin

"For us there is only the trying, the rest is none of our business."

De pequeño, yo era muy aficionado al beisbol.


Ahora me es muy aburrido, pero en mi infancia era una pequeña obsesión. Me gustaba mucho jugar, pero me pasaba más horas viendo tarjetitas de beisbol. Las que traen todas las estadísticas de cada jugador. Memorizaba estadísticas. No sé si era normal.

En la música, todo depende de un orden. Ritmo.

No solo la música. Todo.

El beisbol. Las estadísticas en la parte de atrás de las tarjetitas te dicen el orden del juego. Son como notas. 

Si el bateador tiene un promedio de .333, entonces va a tener un hit cada 3 turnos. 

Sin embargo, no es así. Se equivoca en el momento menos esperado. O se convierte en héroe.

Contrastes.

Cuando eres pequeño estás cambiando. Física y mentalmente. Tu cuerpo se transforma literalmente. Te ves en el espejo y no entiendes lo increíble que es que te vuelvas a ver en 2 meses y seas diferente.

Como ver tu reflejo en un lago. No un lago. La vida es más como un río, bastante acaudalado.

Tratas de ver tu reflejo y no puedes. El estar creciendo es atemorizante porque no sabes qué o quién es lo que buscas. Cambias tanto que no sabes qué es lo que verás. No te gustará, porque sólo somos materia ordenada de cierta manera. Necesitas tiempo para ajustar tu sentido de la estética de tal modo en el que sea congruente y que vaya al mismo ritmo de tu transformación.

Y eso sólo en lo físico.

Cuando eres pequeño, sólo necesitas la mirada de tu madre para tranquilizarte. Tan sólo la presencia es suficiente.

Muchas veces me imagino con un hijo. Observarlo. No creo que me moleste dedicar mi vida a cuidarlo.

Ya viví muchas cosas. Tal vez son tonterías, pero no tengo nada pendiente. Lo que no quiere decir que no quiera seguir haciendo estupideces y teniendo momentos increíbles, sólo que ahora todo es sorprendente.

Cuando eres joven, buscas problemas. Esto te da experiencia, según tú. Hay cosas, sin embargo, que no necesitas saber.

¿Cómo pedirle a mi hijo o hija que no haga tonterías? Tan sólo es esperar que las sobreviva.

Qué difícil es ser padre.

Hace algunos años, mi padre se disculpó conmigo. Creyó no ser un buen padre. Yo estaba muy joven como para contestarle inteligentemente. Esa disculpa es tonta.

Soy un hombre feliz. Llego a cualquier lugar y me invento algo qué hacer. Y me voy. No sin antes conocer gente buena.

No creo que él haya hecho un mal trabajo. Mi padre.

No me inculcó ninguna religión, tal vez eso si le reprocho. Sería más fácil estar si supiera que el final no es realmente el final. Es demasiado tarde ya.

A mis 33 años, edad en la que él me tuvo a mí, yo estaría aterrorizado ante un bebé. No le puedo reprochar nada.

Sé tocar la guitarra. No soy bueno para fogatas ni nada así. No me aprendo canciones para tocarlas en público. Es simplemente una manera de estar. Lo que sí es que creo que tengo mi estilo. Para tomar fotos también. Bueno, eso me lo dijeron una vez.  Me la creí.

Para un guitarrista, encontrar su estilo, su voz, en una guitarra es el logro más importante. Siempre habrá guitarristas con mejor técnica, más rápidos, que lean mejor, etc, pero el que reconozcan que eres tú el que tocas tan sólo por escucharte es lo mejor que hay. Yo no tengo eso, obviamente nadie me conoce en esa escala, pero en mi micro universo si. Tengo ya 22 años tocando la guitarra. Cambio las canciones que me aprendo a mi estilo y no me gustan tanto las mías porque se me hacen muy parecidas.

Nadie ha escuchado nunca una canción mía. Están en discos duros, muy accesibles. Cuando me muera será fácil encontrarlos. Muchas fotos también. Muchas cosas que he escrito. Tal vez no sea tan buena idea tener todo así de desprotegido. No estaré para preocuparme.

Contrastes.

Mi animal favorito es la cebra. No estoy obsesionado con las cebras, pero son blanco y negro. Y es un ser orgánico. Se mueven con gracia. No hay mayor contraste que el blanco y el negro.

Si uno estudia el beisbol lo suficiente a través de sus estadísticas, encontrará un orden que se traduce en una temporada. Si la temporada fuera infinita, las estadísticas serían exactas siempre. Por eso de que todo tiende al infinito. Los promedios se van  haciendo datos exactos.

A través de esas estadísticas, se puede armar la historia de un equipo. Es un orden que prevalece en todo. La naturaleza tiene un orden y me gustaría pensar que nuestro sentido de la estética deriva de esa noción. El orden que tiene la partitura de una canción, o la composición de una foto.

Suena como una manera muy fácil de vivir y de ser feliz, pero no. Contrastes. Otras personas. Relaciones.

Tal vez te encuentres con una persona y, representados en música, tienen un estilo y un ritmo parecido. Se mezclan y a veces se conjuntan muy bien, a veces esa conjunción es muy sosa, otras veces hacen una obra maestra.

Sin embargo, lo que hace que todo valga la pena es la incertidumbre, el caos. Algo pasa y te saca de ritmo, la melodía cambia y, de repente, están creando una cacofonía terrible. A veces se puede retomar el paso, otras veces es demasiado el cambio y es imposible retomar el ritmo o la estructura anterior. Si se compone la melodía, todo vale la pena y tal vez has aprendido a lidiar con lo más importante y difícil de existir.

Sería fácil poder reprocharle a mi padre o madre muchas cosas, pero no tengo la verguenza para hacerlo. He vivido de todo. Cosas malas pocas, ninguna terribles. En lo bueno me ha ido muy bien.

Hace poco caminaba con el hijo de unos amigos que me pidió que le ayudara a construir una casa en un árbol. Sé perfectamente por qué la quiere y su frustración porque que nadie a su alrededor lo entiende. El proceso, tiempo. Tal vez ya terminada nunca la usaría. Desafortunadamente, yo sé perfectamente que no es conmigo con el que la quiere construir y, además, entiendo que si yo lo hago, se hará un abismo aún más grande entre él y la persona que quiere que le ayude. O alomejor yo estoy mal. Debe ser terrible ser un niño, porque entiendes perfectamente todo y no puedes explicarle a los adultos que todo es tan simple. Si me quieres, haz esto por mí. Aplicar, enjuagar y repetir.

Quiero a muchas personas y me han querido también. Es más, algunas personas me han visto a los ojos y me han dicho que me aman.  Yo también lo he hecho. Esos momentos son increíbles. De repente ves a gente mayor que se ríe sola. Tal vez se esté acordando de algún momento así. A mi me pasa seguido.

Un día de la semana. Eso es todo lo que necesitas para que la vida cambie. Ni tanto. Unos segundos. Ver a alguien y saber que tienes que estar con ella porque no te puedes concentrar bien en nada más que no sea no mirarla demasiado y en no decir cosas demasiado estúpidas. Después, es el pensar en todo lo que debiste decir y hacer. Esa sensación tiene un nombre que no recuerdo.

Y más cosas. Compartir la banca con una persona que se convertirá en tu mejor amigo. Sacarte la lotería. Conseguir el trabajo que te pague más por hacer menos. Ser feliz es imposible, creo yo que es debido a lo frágil del concepto, pero una existencia tranquila alternada con momentos felices no se me hace fuera de la realidad. Puede ser al revés. Lo siento si es así.

He estado fuera de la realidad. Muchas veces. No es mejor, pero sí lo extraño muchas veces. Tonterías, no tengo por qué esconderlo, uso sustancias para salirme de la realidad seguido. Sorprendentemente seguido. Aún así, sigo pensando que la realidad es mejor. Disfruto estar fuera de mí por el contraste, pero nada será más loco y caótico que la realidad. Ni esa vez que pensé que una vela estaba enojada conmigo porque al respirar movía su flama. Me disculpaba en cada exhalación. La vela tenía razón, pero pedía demasiado de mí. Al final encontramos un ritmo en el que los dos estábamos a gusto y por fin pude dedicarme a resolver por qué no podía tocar el techo si estaba tan cerca. Un rato después vi que era una forma de protección al cielo, ya que de seguro no quiere que lo estemos viendo siempre. Dejé de ver al techo también, para que no se inhibiera. Todo esto tenía una lógica impecable. La vida real es todo, menos eso.

Mucha gente no entiende que el arte es una ciencia. Es una medida para el tipo de cultura de un tipo de gente. El ver las costumbres, la música, la pintura, etc, de una cultura en específico es igual que ver las estadísticas de una temporada de beisbol. El equipo puede ser ofensivo o defensivo, al igual que una civilización puede ser guerrera o pacífica. Todo se verá reflejado en el estilo que prevalezca. Un buen antropólogo es como un buen estadista si estos tuvieran la posibilidad de leer entre líneas.

No soy bueno para leer entre líneas. La única ventaja de esto es que muchas cosas me sorprenden. Aunque sean sorpresas malas, todo está en el contraste.

Muchos quisieran pensar que la vida es estar de nuevo tratando de encontrar ese reflejo en el río acaudalado. Al crecer, nos damos cuenta que jamás nos podremos ver claramente, pero si podremos encontrar una especie de silueta o algo que identifique en dónde estamos. Tal vez distingamos todo lo que flota en la superficie que hace que se distorsione más la imagen que tan sólo la potencia del agua. Aprenderemos a ver a través de eso para reconocer nuestro lugar. El lugar en el que está el reflejo. Si encontramos eso, tal vez notemos de repente que hay otras siluetas alrededor de nosotros. Si somos afortunados, habrá muchas siluetas. Irán desapareciendo con el tiempo y el río se tranquilizará hasta quedar en un charco. Cuando eso pase, nos veremos más detalladamente y no nos gustará tanto lo que veamos. Ni el poco espacio del que nos provee el charco. Las posibilidades reducidas. Para cuando eso pase, espero haber comprendido que lo importante no era ver mi reflejo detalladamente, sino como reaccionaba ante todo lo que hacía más difícil el identificarme. Y, aún dentro de todo eso, la belleza. Tal vez yo no sea tan poco espiritual.

Metáforas baratas. No soy bueno para escribir, pero me hace un bien tremendo.

Seguro que todo esto tiene sentido tan sólo en mi cabeza. Para compensar, les dejo una foto chistosa mía tratando de adaptarme a mi entorno que encontré ahorita:




Casi.

Ya tiene rato esa foto. De hecho ya la había puesto en este blog. Acá. Me gusta esa entrada también.

Pensé que este iba a ser un texto deprimente. La verdad es que no tengo por qué estar deprimido. Mi foco de atención es tan reducido, que tampoco se centra en las broncas. Y no tengo, no puedo pensar en una real. Podría enfrascarme en mi cabeza y crearlas, y a veces lo hago, pero son tropiezos.  Parte de las ventajas de haberse golpeado tanto la cabeza. Nada es tan malo. Si no entiendo algo, tengo una salida fácil.

Bromeo. Soy muy alerta. No para los detalles. Ni modo. Al final, puedo escribir esto con una pequeña sonrisa. Tal vez eso quiera decir que no me he perdido de tanto.

Estar tranquilo vale la pena. Cerrar los ojos y soñar cachondamente, o que estás en la novena entrada, abajo por 3 carreras, la casa está llena y te tiran un cambio de velocidad. Son de esos lanzamientos que te das cuenta de lo que es a medio camino y ya estás en pleno swing. Conectas. Jonrón. Homerun. Happy Meal o Japimil. "Boom!!! Vámonos!!!"

Creo que ya no veo el beisbol porque ya no lo comentan el Sonny Alarcón y el Mago Septién. Toño de Valdez es bueno, pero no es lo mismo. Esta es la última tangente de hoy.

Para terminar bien una entrada, una cebra. O dos.




y un arrullo:



07/08/11

Nunca he tenido una experiencia sobrenatural. Muy a mi pesar. Creo que una experiencia así ayuda mucho a personas como yo.

Una epifanía. Como los profetas.

Sin embargo, si me han pasado cosas extrañas. Todas tienen una explicación científicamente razonable, pero aún así, al momento dan bastante miedo. Y hay algo raro que no me puedo sacudir.

Cuando mi insomnio recurrente está a todo, sufro bastante de lo que comúnmente llaman "subida de muerto." Esto pasa cuando logro dormir un poco.

Necesita un mejor nombre este fenómeno.

Nunca llegué a acostumbrarme. Sobre todo porque es lo mismo siempre. Generalmente duermo de lado, pero cuando "se me sube el muerto", estoy boca abajo. No me muevo mucho al dormir, tal vez tenga algo que ver la posición.

Y siempre pasaba exactamente lo mismo durante el terrorífico episodio.

Despierto, boca abajo, sólo puedo ver con un ojo, pues el otro está encima de la cama, y no me puedo mover.

Igual hago lo mismo cada vez. Me repito que tranquilo, ya sabes qué es, no pasa nada. Lo investigaste. Por la falta de descanso, terminaciones nerviosas de tu cuerpo no son activadas por el cerebro. Como las extremidades.

Trato de tranquilizarme así. Después llega lo que me provoca un poco de terror.

La respiración.

Claramente escucho a alguien respirando encima de mí. Cada vez que pasaba, contaba mi respiración y la otra se traslapaba y era mucho más profunda.

Salir de esa experiencia casi siempre debería ser de manera gradual, poco a poco regresa la fuerza a las extremidades y se mueven.

Yo no podía. La respiración seguía ahí. Tenía que esperar a que regresara toda mi fuerza y ya después tratar de voltear rápido.

Nunca hubo nada.

Todo esto se lo puedo comentar a un siquiatra y me diría que es un fenómeno normal, causado por el insomnio o el agotamiento o alguna forma de depresión. Todo sería congruente, creo.

Una vez pasó algo, sin embargo, que si me dejó un poco más ansioso de lo normal.

En alguna madrugada, en la antigua casa de mis padres, despierto y abro un ojo. Muerto arriba, no puedo moverme. Ni modo. Comienza el proceso. La respiración llega en el momento esperado.

Mi ojo estaba fijo a la pared de enfrente, frente a ella había una televisión.

Yo prefería ese lado para estas experiencias, pues si yo estaba con la cabeza viendo al lado opuesto, la pared era mucho más cercana y no había nada más que parte de la cama y la pared para ver. Hacia el otro lado por lo menos tenía un poco más de paisaje. Alomejor hacía que todo se sintiera un poco más real. No sé.

De repente, veo que en la pantalla de la tele hay una luz roja y un pequeño murmullo.

El terror era normal. Ver eso convirtió el terror en pánico. Mi corazón no la pasaba bien.

La luz roja empezó a crecer y a hacerse mucho más visible. Empecé a ver una figura aparecer por encima del aparato. Cambiaba de forma y parecía crecer.

Mi parálisis cedía poco a poco. Esta vez si me tenía que levantar. Movía una muñeca. La pantorrilla.

Todo regresaba a la normalidad en mi cuerpo, la respiración extraña lentamente moría y la luz roja se convirtió en naranja. Era fuego, y la luz de las llamas iluminaba la columna de humo que se formaba por encima del televisor.

La fuerza regresó a mis piernas. Me paré y fui al baño, tomé una vieja pecera, la llené de agua y la vacié sobre la parte de atrás del televisor. Por el terror no se me ocurrió lo irresponsable que es el aventar agua sobre un aparato conectado a corriente. Se apagó sin problemas, afortunadamente.

Silencio.

Me senté en la cama un rato. Ni cómo pensar en todo esto. Después abrí las ventanas y me volví a acostar. Pronto amaneció.

Las siguientes veces que ocurría la parálisis, el miedo era menor y no había respiración. Tal vez movimiento alrededor, pero ya no había nadie encima de mi. O las figuraciones de eso, pues.

Hace algunos años probé la ketamina. Tuve una experiencia tan extraña, que aún no puedo escribir sobre ello, ya que no entiendo cómo lo pudiera describir en un texto.

¿Cómo describes lo que sientes cuando alguien que quieres te acaricia? O cuando alguien que quieres igual te da una cachetada con rencor? Todo esto junto y amplificado no podría ni comenzar a describir lo que sentí. Tal vez sólo sea mi incompetencia en cuestión de letras.

Tal vez no pueda describir muchas cosas de esa experiencia, pero si puedo decir que comprendí mucho. No sé cómo, pero entendí muchas cosas sobre mí. Entendí también que las cosas malas pasan y ya. Se escucha tonto, pero eso me molestaba mucho antes y, aún ahora, sigo necio en querer comprender todo. Ahora me satisface un poco más el no saber, pero sigue siendo difícil.

Nunca más volveré a usar la ketamina. La única razón de ello es porque ya no la necesito.

No tuve ninguna experiencia igual de paralísis después de usar la ketamina. Esto lo analicé hasta hace poco.

Todo se siente diferente también. Más tranquilo. Demasiado, a veces me siento muy solo, lo que no pasaba antes.

Mi madre cuenta siempre que yo decía que cada vez que volteaba a un rincón o a una puerta veía una sombra o las piernas de "algo" (yo decía que era un duende) que se escondía rápidamente. No me daba miedo. Era más como un juego, y en esas ocasiones yo ganaba, pues lo descubría.

Seguro no tiene nada que ver, pero a veces pienso que sería bueno que pasara algo raro ahora. De ese estilo.

Es más, imagino un día despertar y que enfrente de mí esté una persona o algo y que esté moviendo la cabeza a manera de desaprobación.

Me pregunta, "¿Qué te pasó?"

A veces me dan ganas de contestarle:

"Te fuiste y se me quitó el miedo."

La verdad es que cada vez más creo que lo que más me gustaría, en esa situación, es sentirme paralizado del terror como antes.

Tal vez eso sea como llevamos nuestra relación y esos sean los "viejos tiempos" para nosotros.

Mejor que la soledad absoluta a esas horas.