16/12/11

Fin

"For us there is only the trying, the rest is none of our business."

De pequeño, yo era muy aficionado al beisbol.


Ahora me es muy aburrido, pero en mi infancia era una pequeña obsesión. Me gustaba mucho jugar, pero me pasaba más horas viendo tarjetitas de beisbol. Las que traen todas las estadísticas de cada jugador. Memorizaba estadísticas. No sé si era normal.

En la música, todo depende de un orden. Ritmo.

No solo la música. Todo.

El beisbol. Las estadísticas en la parte de atrás de las tarjetitas te dicen el orden del juego. Son como notas. 

Si el bateador tiene un promedio de .333, entonces va a tener un hit cada 3 turnos. 

Sin embargo, no es así. Se equivoca en el momento menos esperado. O se convierte en héroe.

Contrastes.

Cuando eres pequeño estás cambiando. Física y mentalmente. Tu cuerpo se transforma literalmente. Te ves en el espejo y no entiendes lo increíble que es que te vuelvas a ver en 2 meses y seas diferente.

Como ver tu reflejo en un lago. No un lago. La vida es más como un río, bastante acaudalado.

Tratas de ver tu reflejo y no puedes. El estar creciendo es atemorizante porque no sabes qué o quién es lo que buscas. Cambias tanto que no sabes qué es lo que verás. No te gustará, porque sólo somos materia ordenada de cierta manera. Necesitas tiempo para ajustar tu sentido de la estética de tal modo en el que sea congruente y que vaya al mismo ritmo de tu transformación.

Y eso sólo en lo físico.

Cuando eres pequeño, sólo necesitas la mirada de tu madre para tranquilizarte. Tan sólo la presencia es suficiente.

Muchas veces me imagino con un hijo. Observarlo. No creo que me moleste dedicar mi vida a cuidarlo.

Ya viví muchas cosas. Tal vez son tonterías, pero no tengo nada pendiente. Lo que no quiere decir que no quiera seguir haciendo estupideces y teniendo momentos increíbles, sólo que ahora todo es sorprendente.

Cuando eres joven, buscas problemas. Esto te da experiencia, según tú. Hay cosas, sin embargo, que no necesitas saber.

¿Cómo pedirle a mi hijo o hija que no haga tonterías? Tan sólo es esperar que las sobreviva.

Qué difícil es ser padre.

Hace algunos años, mi padre se disculpó conmigo. Creyó no ser un buen padre. Yo estaba muy joven como para contestarle inteligentemente. Esa disculpa es tonta.

Soy un hombre feliz. Llego a cualquier lugar y me invento algo qué hacer. Y me voy. No sin antes conocer gente buena.

No creo que él haya hecho un mal trabajo. Mi padre.

No me inculcó ninguna religión, tal vez eso si le reprocho. Sería más fácil estar si supiera que el final no es realmente el final. Es demasiado tarde ya.

A mis 33 años, edad en la que él me tuvo a mí, yo estaría aterrorizado ante un bebé. No le puedo reprochar nada.

Sé tocar la guitarra. No soy bueno para fogatas ni nada así. No me aprendo canciones para tocarlas en público. Es simplemente una manera de estar. Lo que sí es que creo que tengo mi estilo. Para tomar fotos también. Bueno, eso me lo dijeron una vez.  Me la creí.

Para un guitarrista, encontrar su estilo, su voz, en una guitarra es el logro más importante. Siempre habrá guitarristas con mejor técnica, más rápidos, que lean mejor, etc, pero el que reconozcan que eres tú el que tocas tan sólo por escucharte es lo mejor que hay. Yo no tengo eso, obviamente nadie me conoce en esa escala, pero en mi micro universo si. Tengo ya 22 años tocando la guitarra. Cambio las canciones que me aprendo a mi estilo y no me gustan tanto las mías porque se me hacen muy parecidas.

Nadie ha escuchado nunca una canción mía. Están en discos duros, muy accesibles. Cuando me muera será fácil encontrarlos. Muchas fotos también. Muchas cosas que he escrito. Tal vez no sea tan buena idea tener todo así de desprotegido. No estaré para preocuparme.

Contrastes.

Mi animal favorito es la cebra. No estoy obsesionado con las cebras, pero son blanco y negro. Y es un ser orgánico. Se mueven con gracia. No hay mayor contraste que el blanco y el negro.

Si uno estudia el beisbol lo suficiente a través de sus estadísticas, encontrará un orden que se traduce en una temporada. Si la temporada fuera infinita, las estadísticas serían exactas siempre. Por eso de que todo tiende al infinito. Los promedios se van  haciendo datos exactos.

A través de esas estadísticas, se puede armar la historia de un equipo. Es un orden que prevalece en todo. La naturaleza tiene un orden y me gustaría pensar que nuestro sentido de la estética deriva de esa noción. El orden que tiene la partitura de una canción, o la composición de una foto.

Suena como una manera muy fácil de vivir y de ser feliz, pero no. Contrastes. Otras personas. Relaciones.

Tal vez te encuentres con una persona y, representados en música, tienen un estilo y un ritmo parecido. Se mezclan y a veces se conjuntan muy bien, a veces esa conjunción es muy sosa, otras veces hacen una obra maestra.

Sin embargo, lo que hace que todo valga la pena es la incertidumbre, el caos. Algo pasa y te saca de ritmo, la melodía cambia y, de repente, están creando una cacofonía terrible. A veces se puede retomar el paso, otras veces es demasiado el cambio y es imposible retomar el ritmo o la estructura anterior. Si se compone la melodía, todo vale la pena y tal vez has aprendido a lidiar con lo más importante y difícil de existir.

Sería fácil poder reprocharle a mi padre o madre muchas cosas, pero no tengo la verguenza para hacerlo. He vivido de todo. Cosas malas pocas, ninguna terribles. En lo bueno me ha ido muy bien.

Hace poco caminaba con el hijo de unos amigos que me pidió que le ayudara a construir una casa en un árbol. Sé perfectamente por qué la quiere y su frustración porque que nadie a su alrededor lo entiende. El proceso, tiempo. Tal vez ya terminada nunca la usaría. Desafortunadamente, yo sé perfectamente que no es conmigo con el que la quiere construir y, además, entiendo que si yo lo hago, se hará un abismo aún más grande entre él y la persona que quiere que le ayude. O alomejor yo estoy mal. Debe ser terrible ser un niño, porque entiendes perfectamente todo y no puedes explicarle a los adultos que todo es tan simple. Si me quieres, haz esto por mí. Aplicar, enjuagar y repetir.

Quiero a muchas personas y me han querido también. Es más, algunas personas me han visto a los ojos y me han dicho que me aman.  Yo también lo he hecho. Esos momentos son increíbles. De repente ves a gente mayor que se ríe sola. Tal vez se esté acordando de algún momento así. A mi me pasa seguido.

Un día de la semana. Eso es todo lo que necesitas para que la vida cambie. Ni tanto. Unos segundos. Ver a alguien y saber que tienes que estar con ella porque no te puedes concentrar bien en nada más que no sea no mirarla demasiado y en no decir cosas demasiado estúpidas. Después, es el pensar en todo lo que debiste decir y hacer. Esa sensación tiene un nombre que no recuerdo.

Y más cosas. Compartir la banca con una persona que se convertirá en tu mejor amigo. Sacarte la lotería. Conseguir el trabajo que te pague más por hacer menos. Ser feliz es imposible, creo yo que es debido a lo frágil del concepto, pero una existencia tranquila alternada con momentos felices no se me hace fuera de la realidad. Puede ser al revés. Lo siento si es así.

He estado fuera de la realidad. Muchas veces. No es mejor, pero sí lo extraño muchas veces. Tonterías, no tengo por qué esconderlo, uso sustancias para salirme de la realidad seguido. Sorprendentemente seguido. Aún así, sigo pensando que la realidad es mejor. Disfruto estar fuera de mí por el contraste, pero nada será más loco y caótico que la realidad. Ni esa vez que pensé que una vela estaba enojada conmigo porque al respirar movía su flama. Me disculpaba en cada exhalación. La vela tenía razón, pero pedía demasiado de mí. Al final encontramos un ritmo en el que los dos estábamos a gusto y por fin pude dedicarme a resolver por qué no podía tocar el techo si estaba tan cerca. Un rato después vi que era una forma de protección al cielo, ya que de seguro no quiere que lo estemos viendo siempre. Dejé de ver al techo también, para que no se inhibiera. Todo esto tenía una lógica impecable. La vida real es todo, menos eso.

Mucha gente no entiende que el arte es una ciencia. Es una medida para el tipo de cultura de un tipo de gente. El ver las costumbres, la música, la pintura, etc, de una cultura en específico es igual que ver las estadísticas de una temporada de beisbol. El equipo puede ser ofensivo o defensivo, al igual que una civilización puede ser guerrera o pacífica. Todo se verá reflejado en el estilo que prevalezca. Un buen antropólogo es como un buen estadista si estos tuvieran la posibilidad de leer entre líneas.

No soy bueno para leer entre líneas. La única ventaja de esto es que muchas cosas me sorprenden. Aunque sean sorpresas malas, todo está en el contraste.

Muchos quisieran pensar que la vida es estar de nuevo tratando de encontrar ese reflejo en el río acaudalado. Al crecer, nos damos cuenta que jamás nos podremos ver claramente, pero si podremos encontrar una especie de silueta o algo que identifique en dónde estamos. Tal vez distingamos todo lo que flota en la superficie que hace que se distorsione más la imagen que tan sólo la potencia del agua. Aprenderemos a ver a través de eso para reconocer nuestro lugar. El lugar en el que está el reflejo. Si encontramos eso, tal vez notemos de repente que hay otras siluetas alrededor de nosotros. Si somos afortunados, habrá muchas siluetas. Irán desapareciendo con el tiempo y el río se tranquilizará hasta quedar en un charco. Cuando eso pase, nos veremos más detalladamente y no nos gustará tanto lo que veamos. Ni el poco espacio del que nos provee el charco. Las posibilidades reducidas. Para cuando eso pase, espero haber comprendido que lo importante no era ver mi reflejo detalladamente, sino como reaccionaba ante todo lo que hacía más difícil el identificarme. Y, aún dentro de todo eso, la belleza. Tal vez yo no sea tan poco espiritual.

Metáforas baratas. No soy bueno para escribir, pero me hace un bien tremendo.

Seguro que todo esto tiene sentido tan sólo en mi cabeza. Para compensar, les dejo una foto chistosa mía tratando de adaptarme a mi entorno que encontré ahorita:




Casi.

Ya tiene rato esa foto. De hecho ya la había puesto en este blog. Acá. Me gusta esa entrada también.

Pensé que este iba a ser un texto deprimente. La verdad es que no tengo por qué estar deprimido. Mi foco de atención es tan reducido, que tampoco se centra en las broncas. Y no tengo, no puedo pensar en una real. Podría enfrascarme en mi cabeza y crearlas, y a veces lo hago, pero son tropiezos.  Parte de las ventajas de haberse golpeado tanto la cabeza. Nada es tan malo. Si no entiendo algo, tengo una salida fácil.

Bromeo. Soy muy alerta. No para los detalles. Ni modo. Al final, puedo escribir esto con una pequeña sonrisa. Tal vez eso quiera decir que no me he perdido de tanto.

Estar tranquilo vale la pena. Cerrar los ojos y soñar cachondamente, o que estás en la novena entrada, abajo por 3 carreras, la casa está llena y te tiran un cambio de velocidad. Son de esos lanzamientos que te das cuenta de lo que es a medio camino y ya estás en pleno swing. Conectas. Jonrón. Homerun. Happy Meal o Japimil. "Boom!!! Vámonos!!!"

Creo que ya no veo el beisbol porque ya no lo comentan el Sonny Alarcón y el Mago Septién. Toño de Valdez es bueno, pero no es lo mismo. Esta es la última tangente de hoy.

Para terminar bien una entrada, una cebra. O dos.




y un arrullo:



07/08/11

Nunca he tenido una experiencia sobrenatural. Muy a mi pesar. Creo que una experiencia así ayuda mucho a personas como yo.

Una epifanía. Como los profetas.

Sin embargo, si me han pasado cosas extrañas. Todas tienen una explicación científicamente razonable, pero aún así, al momento dan bastante miedo. Y hay algo raro que no me puedo sacudir.

Cuando mi insomnio recurrente está a todo, sufro bastante de lo que comúnmente llaman "subida de muerto." Esto pasa cuando logro dormir un poco.

Necesita un mejor nombre este fenómeno.

Nunca llegué a acostumbrarme. Sobre todo porque es lo mismo siempre. Generalmente duermo de lado, pero cuando "se me sube el muerto", estoy boca abajo. No me muevo mucho al dormir, tal vez tenga algo que ver la posición.

Y siempre pasaba exactamente lo mismo durante el terrorífico episodio.

Despierto, boca abajo, sólo puedo ver con un ojo, pues el otro está encima de la cama, y no me puedo mover.

Igual hago lo mismo cada vez. Me repito que tranquilo, ya sabes qué es, no pasa nada. Lo investigaste. Por la falta de descanso, terminaciones nerviosas de tu cuerpo no son activadas por el cerebro. Como las extremidades.

Trato de tranquilizarme así. Después llega lo que me provoca un poco de terror.

La respiración.

Claramente escucho a alguien respirando encima de mí. Cada vez que pasaba, contaba mi respiración y la otra se traslapaba y era mucho más profunda.

Salir de esa experiencia casi siempre debería ser de manera gradual, poco a poco regresa la fuerza a las extremidades y se mueven.

Yo no podía. La respiración seguía ahí. Tenía que esperar a que regresara toda mi fuerza y ya después tratar de voltear rápido.

Nunca hubo nada.

Todo esto se lo puedo comentar a un siquiatra y me diría que es un fenómeno normal, causado por el insomnio o el agotamiento o alguna forma de depresión. Todo sería congruente, creo.

Una vez pasó algo, sin embargo, que si me dejó un poco más ansioso de lo normal.

En alguna madrugada, en la antigua casa de mis padres, despierto y abro un ojo. Muerto arriba, no puedo moverme. Ni modo. Comienza el proceso. La respiración llega en el momento esperado.

Mi ojo estaba fijo a la pared de enfrente, frente a ella había una televisión.

Yo prefería ese lado para estas experiencias, pues si yo estaba con la cabeza viendo al lado opuesto, la pared era mucho más cercana y no había nada más que parte de la cama y la pared para ver. Hacia el otro lado por lo menos tenía un poco más de paisaje. Alomejor hacía que todo se sintiera un poco más real. No sé.

De repente, veo que en la pantalla de la tele hay una luz roja y un pequeño murmullo.

El terror era normal. Ver eso convirtió el terror en pánico. Mi corazón no la pasaba bien.

La luz roja empezó a crecer y a hacerse mucho más visible. Empecé a ver una figura aparecer por encima del aparato. Cambiaba de forma y parecía crecer.

Mi parálisis cedía poco a poco. Esta vez si me tenía que levantar. Movía una muñeca. La pantorrilla.

Todo regresaba a la normalidad en mi cuerpo, la respiración extraña lentamente moría y la luz roja se convirtió en naranja. Era fuego, y la luz de las llamas iluminaba la columna de humo que se formaba por encima del televisor.

La fuerza regresó a mis piernas. Me paré y fui al baño, tomé una vieja pecera, la llené de agua y la vacié sobre la parte de atrás del televisor. Por el terror no se me ocurrió lo irresponsable que es el aventar agua sobre un aparato conectado a corriente. Se apagó sin problemas, afortunadamente.

Silencio.

Me senté en la cama un rato. Ni cómo pensar en todo esto. Después abrí las ventanas y me volví a acostar. Pronto amaneció.

Las siguientes veces que ocurría la parálisis, el miedo era menor y no había respiración. Tal vez movimiento alrededor, pero ya no había nadie encima de mi. O las figuraciones de eso, pues.

Hace algunos años probé la ketamina. Tuve una experiencia tan extraña, que aún no puedo escribir sobre ello, ya que no entiendo cómo lo pudiera describir en un texto.

¿Cómo describes lo que sientes cuando alguien que quieres te acaricia? O cuando alguien que quieres igual te da una cachetada con rencor? Todo esto junto y amplificado no podría ni comenzar a describir lo que sentí. Tal vez sólo sea mi incompetencia en cuestión de letras.

Tal vez no pueda describir muchas cosas de esa experiencia, pero si puedo decir que comprendí mucho. No sé cómo, pero entendí muchas cosas sobre mí. Entendí también que las cosas malas pasan y ya. Se escucha tonto, pero eso me molestaba mucho antes y, aún ahora, sigo necio en querer comprender todo. Ahora me satisface un poco más el no saber, pero sigue siendo difícil.

Nunca más volveré a usar la ketamina. La única razón de ello es porque ya no la necesito.

No tuve ninguna experiencia igual de paralísis después de usar la ketamina. Esto lo analicé hasta hace poco.

Todo se siente diferente también. Más tranquilo. Demasiado, a veces me siento muy solo, lo que no pasaba antes.

Mi madre cuenta siempre que yo decía que cada vez que volteaba a un rincón o a una puerta veía una sombra o las piernas de "algo" (yo decía que era un duende) que se escondía rápidamente. No me daba miedo. Era más como un juego, y en esas ocasiones yo ganaba, pues lo descubría.

Seguro no tiene nada que ver, pero a veces pienso que sería bueno que pasara algo raro ahora. De ese estilo.

Es más, imagino un día despertar y que enfrente de mí esté una persona o algo y que esté moviendo la cabeza a manera de desaprobación.

Me pregunta, "¿Qué te pasó?"

A veces me dan ganas de contestarle:

"Te fuiste y se me quitó el miedo."

La verdad es que cada vez más creo que lo que más me gustaría, en esa situación, es sentirme paralizado del terror como antes.

Tal vez eso sea como llevamos nuestra relación y esos sean los "viejos tiempos" para nosotros.

Mejor que la soledad absoluta a esas horas.

16/04/11

Cuando yo era más joven, mucho, vi en una película una escena increíble. Para mi, pues.

En la película, que trata de una familia enorme y es una comedia típica de Hollywood, un niño toma un cesto de basura, se lo pone en la cabeza como si fuera casco y arranca contra la pared más cercana. Después, el niño, algo mareado, se maravilla de lo que acaba de hacer. Lo observa una niña tipo genio y el padre de ésta, con un gesto de desaprobación.

Así quiero un hijo. Alguien que vea un bote de basura y sepa exactamente qué hacer con él.

La gente no entiende al nómada. Hay mucho romanticismo en ello. En levantar tus cosas y moverte. Irte y regresar después de años, más viejo y tal vez con aventuras.

¿Qué viste?

No estás viendo, estás buscando algo que te encuentre a ti.

Antes pensaba que lo que se busca es a alguien igual a uno, pero no. Sería insoportable.

Un trago con alguien así sería deprimente. Si es más joven, verlo con cara de pena por lo que le falta y, si es más grande, ver que nada mejora.

Mejor atravesarse en la calle.

Cómo estás?

Igual.

Bien, sigue así.

Antier me senté en una banca en Coyoacán. Cerca de la iglesia, junto a lo que yo llamaba "La Pirámide", una cosa ahí puesta. Antes te podías subir y jugar ahí. Ya no. No sé por qué no.

Me senté cerca de una banca en la que hace aproximadamente 22 años tuve un pequeño accidente.

Creo que ya he hablado de esto acá. Yo estaba enamorado de una pequeña hippie que vendía incienso. Un día estaba en mi bicicleta y la veía y no vi que se me venía el parque y choqué y di una maroma casi perfecta antes de caer de espalda sobre las jardineras. Se acerca ella y me pregunta si estoy bien.

Fue lo mejor que me pasó en muchos años.

Muchos años hace que yo salí en búsqueda de algo, pero es algo que no sabes ni qué es. Creí ser ermitaño o bohemio, pero no me caen bien.

Después pensé que la fiesta era lo que me correspondía entonces. No estaba tan equivocado, pero no me la paso bien en esos ambientes como tal. Más bien me divierte ver cómo se divierte la gente. El observador. Tengo que tener cuidado porque tengo cara de loco. No observes mucho, de reojo. Después tómales fotos. No, mejor no.

El hacer amigos es un arte. Todos requerimos un nivel camaleónico y algo de empatía para tenerlos. Hay veces que se puede sondear a la gente de más, lo cual hace que tus intenciones ya no sean, vaya, amigables, sino que todo se convierta en un experimento.

Y un día, se te acaban las ganas de experimentar, y sólo te quedas con la confianza y una pequeña sonrisa que irrita a mucha gente, pero hace que mucha gente quiera saber por qué la tienes.

Y no es importante.

Les decía de la banca. Estoy sentado y se acerca un señor cojo, supongo que indigente. Se sienta junto a mí y me pregunta si ya estamos a mitad de mes.

Si, mañana es 15.

Viernes 15?, responde.

Si.

Y Sábado 16?

Si.

Domingo 17?

Si.

El lunes qué es?

18.

Después recita los días del mes con sus respectivos días de la semana.

Nadie trabaja en semana santa?

Pues algunos si.

Cuándo empieza?

Le digo y comienza todo de nuevo.

Se está burlando de mí, claramente, y sabe que no me molesta.

Se aburre y se va.

Recuerdo bien cuando estaba en prepa, yo estaba en el grupo de jazz de la escuela. Tocaba el bajo.

No era muy bueno, pero me gustaba estar en esa clase y me gustaba tocar en vivo, aunque fueran canciones ñoñas. Ya después escuchaba la música que me gustaba en mi casa.

Me gustaba lo que yo tocaba, las líneas de bajo. Walking bass lines. Hasta el nombre es genial.

Seguro las reconocen si escuchan jazz. Son las típicas que van arriba y abajo. Parece que terminan, pero no. Siguen y, después de un rato, es difícil reconocer si siguen subiendo o van bajando. O qué es arriba y qué es abajo. Como algo de Escher. Algo que se ve como que debería de terminar, pero no lo hace. Como un nautilus.

Nah, ese si tiene fin.

Esa sensación. Piensas que es algo visual.

Después ves que no, que lo hueles, que lo saboreas. Algo que tiene un comienzo, pero no termina.

Después consigues estar en un lugar y en una situación en la que estás en eso que admiras tanto. Y te das cuenta de que esa sensación no se quitará mientras tengas conciencia. Y luego te das cuenta de que tu conciencia es una parte muy pequeña de lo que tú eres. Y luego te das cuenta de que sobre lo que estás parado realmente no es el piso. Y luego te das cuenta de que no eres un organismo, eres un conjunto, una colonia, trabajando para algo.

Algo.

Y ninguna parte de ese organismo sabe qué es. O tal vez si, pero si entiende eso, no se tomará el tiempo de hablar contigo. Tal y como no nos tomamos el tiempo de preguntarle a una mosca que qué tal va su día o a un perro que cómo lo trata la vida. Y nuestra conciencia, o lo que se le puede llamar eso, es lo único, dentro de todo ese organismo y esa simbiosis que no existe.

Entonces piensas que debe ser sobrenatural y que todos tienen razón y en realidad tienes ese agujero del tamaño de Dios en tu conciencia según Durant, creo, y que el darte cuenta es el primer paso para rellenarlo, pero sabes que lo que estás experimentando no es real tampoco. Y se pasa todo y te das cuenta de que eso tampoco era la realidad y lo que está pasando ahora no es importante porque recordaste que tienes que estar en algún lugar a las 6 de la tarde. En un banco o algo.

Y te aburres, y te vas.